Suena el timbre.
En pocos segundos el patio se llena. Unos niños corren detrás de una pelota, otros inventan un juego de persecución y alguien cambia las reglas sobre la marcha. Desde fuera, parece simplemente recreo.
Pero en ese momento están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo:
- correr y frenar;
- lanzar y atrapar;
- anticipar hacia dónde va la pelota o el compañero;
- entender reglas que a veces nadie explica;
- seguir a otros y esperar el momento de entrar;
- comunicarse;
- adaptarse cuando el juego cambia.
Algunos niños se incorporan en segundos. Otros observan desde un lado, caminan cerca del grupo o juegan solos. Todos están en el patio, pero no todos están participando de la misma manera.
Estar en el patio no significa necesariamente estar participando.
Participar es más complejo de lo que parece
En la investigación sobre infancia y discapacidad, la participación suele describirse con dos elementos centrales: estar presente en una actividad y estar realmente involucrado en ella (Imms et al., 2016). Un niño puede cumplir el primero sin tener oportunidades reales del segundo.
Incorporarse a un juego espontáneo puede exigir muchas cosas al mismo tiempo: comprender qué está ocurriendo, interpretar reglas que quizá nadie dijo en voz alta, seguir instrucciones, coordinarse con otras personas, anticipar movimientos, esperar turnos, tolerar errores o cambios inesperados, comunicarse y encontrar una forma de incorporarse a un grupo que ya está jugando.
Estas son demandas de la actividad, no características de un niño en particular. Un juego rápido, ruidoso y con reglas cambiantes le pide mucho a cualquiera. La diferencia es que no todos los niños llegan a esa situación con las mismas experiencias, herramientas o apoyos.
Cuando participar requiere algo diferente
Cada niño y cada joven autista es distinto. Muchos disfrutan el movimiento, el juego y el deporte, y no todos encuentran las mismas dificultades.
Para algunos niños, participar puede requerir algo diferente:
- más tiempo para entender lo que ocurre;
- instrucciones distintas o más claras;
- mayor predictibilidad;
- menor carga de estímulos, como el ruido o las aglomeraciones;
- apoyos diferentes;
- otra manera de incorporarse a la actividad.
La investigación con jóvenes autistas ha señalado, por ejemplo, que la manera de dar las instrucciones y las características sensoriales del entorno pueden influir en las ganas de participar (Wong et al., 2024).
Estas diferencias y necesidades nos dan información valiosa sobre qué puede ayudar a que ese niño participe.
Las barreras no están todas dentro del niño
Los estudios sobre actividad física en niños y jóvenes autistas han encontrado barreras y facilitadores en distintos niveles: en la propia persona, en las relaciones con otros, en el entorno físico, en la comunidad y en las instituciones (Obrusnikova y Cavalier, 2011; Okkenhaug et al., 2024).
Una forma sencilla de verlo es pensar en cuatro elementos que se influyen mutuamente:
Niño ↔ Actividad ↔ Personas ↔ Entorno
- Niñosus características, preferencias, experiencias previas y su manera de comunicarse; y, cuando corresponda, sus necesidades motoras, sensoriales o de regulación.
- Actividadlas reglas, la velocidad, la complejidad, la estructura y lo que exige.
- Personascompañeros, profesores, entrenadores y familia, y la preparación y los apoyos con los que cuentan.
- Entornoel ruido, el espacio, el número de personas, la predictibilidad y otras condiciones del lugar.
Ninguno de estos elementos explica por sí solo lo que ocurre. Las características de cada niño importan, pero no son el único factor: la participación surge de la manera en que todos estos elementos se combinan.
Una barrera no siempre está dentro del niño. A veces está en la manera en que construimos la actividad alrededor de él.
Cambiar la pregunta
Cuando un niño participa poco, es fácil preguntarse: “¿Por qué este niño no participa?”.
Esa pregunta suele buscar la respuesta solamente dentro del niño. Podemos hacer otra:
“¿Qué está haciendo difícil que participe y qué podría ayudarle a participar?”
La segunda pregunta no niega las necesidades del niño. Amplía la mirada hacia la actividad, las personas y el entorno, que son precisamente los elementos que podemos ajustar.
Lo que reportan las familias
Las familias suelen conocer bien estas barreras. En un estudio con niños de 3 a 11 años, los padres de niños autistas reportaron más barreras para la actividad física que los padres de niños con desarrollo típico. Entre ellas aparecían la necesidad de mayor supervisión, tener pocos compañeros con quienes jugar, la exclusión por parte de otros niños y que los adultos a cargo de las actividades no contaran con las herramientas necesarias para incluirlos. Además, un mayor número de barreras se relacionó con menos actividad física (Must et al., 2015).
Se trata de un grupo específico de familias, y sus resultados no describen la experiencia de todas. Pero muestran algo importante: varias de esas barreras no están en el niño, sino en las oportunidades, los apoyos y las personas que lo rodean.
Menos participación también significa menos oportunidades de práctica
En el artículo El movimiento también es desarrollo → vimos que correr, jugar, caerse y volver a intentarlo forman parte del desarrollo. En El cuerpo también enseña al cerebro → vimos que aprender a moverse requiere oportunidades de percibir, intentar, ajustar y volver a intentar.
Entonces surge una pregunta: ¿qué ocurre cuando las oportunidades para participar no están igualmente disponibles?
Si un niño participa menos, también puede acumular menos oportunidades para correr, lanzar, equilibrarse, coordinarse, probar movimientos y volver a intentarlo. No es una relación simple ni automática, y el desarrollo de cada niño depende de muchos factores. Pero participar es una de las vías por las que llegan las oportunidades de practicar.
Qué puede facilitar la participación
Hablar solamente de barreras cuenta la mitad de la historia. La investigación también ha estudiado qué ayuda a que niños y jóvenes autistas participen, y revisiones recientes proponen pasar de una mirada centrada en los déficits a una que parta de las fortalezas y de lo que cada niño disfruta y hace bien (Michaud y Harvey, 2025).
Dependiendo de cada niño, entre los factores que pueden facilitar la participación se han descrito:
- actividades significativas y agradables, porque disfrutar es uno de los motivos que más aparecen para participar;
- sentirse capaz, con retos de una dificultad apropiada;
- oportunidades de elección sobre lo que se hace;
- instrucciones comprensibles y actividades predecibles;
- apoyos apropiados según las necesidades de cada uno;
- adultos preparados, como profesores y entrenadores que conocen y acompañan al niño;
- compañeros que facilitan la participación y el apoyo de la familia;
- ambientes seguros que consideran las necesidades sensoriales.
Estos factores se han descrito en revisiones que reúnen estudios con niños y jóvenes autistas (Michaud y Harvey, 2025; Okkenhaug et al., 2024; Wong et al., 2024). No son recetas universales: lo que ayuda a un niño puede no ser lo que necesita otro, y para algunos niños ciertos apoyos serán más importantes que otros.
Participar no significa hacer exactamente lo mismo
Incluir no significa necesariamente pedirle a todos que hagan exactamente lo mismo, de la misma manera y al mismo ritmo.
Dependiendo de la situación, participar puede implicar:
- disponer de más tiempo;
- recibir una instrucción diferente;
- jugar con una regla adaptada;
- comenzar desde otro punto.
Estos ajustes no le restan valor a la participación. Muchas veces son justamente lo que la hace posible.
Participar desde el propio punto de partida
En Blue Strenght esta idea nos lleva a comenzar con una pregunta diferente.
En lugar de preguntarnos:
“¿Puede este niño hacer lo mismo que los demás?”
preferimos comenzar preguntando:
“¿Qué necesita este niño para poder participar?”
El objetivo no es que todos hagan exactamente lo mismo. Buscamos crear oportunidades para que cada alumno pueda moverse, intentar, aprender y fortalecerse desde su propio punto de partida.
Estar presente y poder participar
Un niño puede estar presente en una cancha, un patio o una clase y aun así tener pocas oportunidades reales de participar.
La inclusión no termina simplemente cuando abrimos la puerta.
La inclusión no es solamente estar presente. También es tener la oportunidad de participar.

