Durante la infancia, muchas habilidades se construyen en momentos que, vistos desde fuera, parecen simplemente juego: correr durante el recreo, perseguir a los amigos, saltar, trepar, lanzar una pelota, andar en bicicleta, perder el equilibrio, caerse, levantarse y volver a intentarlo.
Mientras un niño juega, va acumulando experiencias de movimiento. Esas experiencias participan en el desarrollo de la fuerza, el equilibrio, la coordinación, el control corporal y el aprendizaje motor. Por algo el juego físico activo —correr, trepar, perseguirse— ha sido estudiado por investigadores del desarrollo como una parte característica de la infancia, con posibles funciones para el desarrollo físico (Pellegrini y Smith, 1998).
El recreo: mucho más que un descanso
Pensemos en una escena cotidiana. Un niño corre detrás de un amigo durante el recreo. Acelera. Frena. Cambia de dirección para no chocar con alguien. Esquiva una banca, calcula cuánto le falta para alcanzar a su amigo y mantiene el equilibrio en una curva cerrada. Tropieza, se recupera y vuelve a correr.
Para él, solamente está jugando.
Pero su cuerpo está aprendiendo.
En unos pocos minutos repitió muchas veces acciones que exigen fuerza, coordinación, equilibrio y ajustes rápidos. Mañana lo hará otra vez, y al día siguiente también. Esa repetición espontánea, sostenida a lo largo de los años, es parte de cómo se van afinando las habilidades motoras.
El desarrollo necesita experiencia
Las habilidades motoras no aparecen de un día para otro. Se construyen con práctica: con muchos intentos, errores y ajustes.
Una habilidad que muchos niños practican cientos o miles de veces sin darse cuenta —en el patio, en el parque, jugando con otros niños— puede requerir que, para otro niño, alguien construya deliberadamente la oportunidad de practicarla.
Esto no significa que la falta de ejercicio cause el autismo, ni que por sí sola explique las diferencias en el desarrollo. Significa algo más sencillo: las oportunidades de experiencia importan.
Qué sabemos sobre autismo y movimiento
Cada niño y cada joven autista es distinto. No todos tienen dificultades motoras, y muchos disfrutan el movimiento, el juego y el deporte.
La investigación confirma que las dificultades motoras son frecuentes en niños autistas. En un estudio con más de 2,000 niños, aproximadamente uno de cada tres cumplía criterios de dificultades motoras, aunque estas casi nunca aparecían registradas en su diagnóstico clínico (Licari et al., 2020).
Otras revisiones han encontrado porcentajes incluso mayores, aunque las cifras varían considerablemente según la edad, las características de los participantes y la manera en que se evalúan las habilidades motoras (Kangarani-Farahani et al., 2024).
Participar no siempre es igual de sencillo
Además de las habilidades, está la participación: tener la oportunidad real de jugar, entrenar o practicar un deporte con otros.
Una revisión sistemática sobre actividad física en niños autistas encontró que la actividad física tiende a disminuir conforme aumenta la edad, y sus autores señalaron la necesidad de intervenciones que la promuevan (Jones et al., 2017).
Para algunos niños y jóvenes autistas, participar en ciertos juegos, deportes o entornos puede implicar barreras adicionales. Pueden estar relacionadas, entre otras cosas, con la coordinación, la comunicación, la forma de procesar ciertos estímulos sensoriales, las características del entorno o la dinámica de las actividades en grupo. Varían mucho de una persona a otra.
Lo que reportan las familias
Cuando se pregunta directamente a las familias, aparecen barreras muy concretas: algunos niños requieren mayor supervisión; no todos los adultos responsables de las actividades cuentan con herramientas para incluirlos; algunos tienen menos compañeros con quienes jugar y otros pueden quedar excluidos de actividades grupales.
En un estudio, además, un mayor número de barreras reportadas se relacionó con menos actividad física y más tiempo frente a pantallas (Must et al., 2015).
Otros estudios han descrito barreras en distintos niveles: personales, en la relación con otras personas, en el entorno físico, en la comunidad y en las instituciones (Obrusnikova y Cavalier, 2011). Una revisión de alcance que reunió 54 estudios concluyó que en la participación influyen tanto factores propios de niños y jóvenes autistas como otros que comparten con cualquier niño (Okkenhaug et al., 2024).
Nada de esto describe a todos los niños autistas. Lo que muestra es que no todos los niños tienen acceso a las mismas oportunidades de experiencia y participación.
El cuerpo también enseña al cerebro
Cuando un niño intenta un movimiento nuevo, ocurre un ciclo que se repite una y otra vez:
- Percibe: observa, siente dónde está su cuerpo y qué hay a su alrededor.
- Intenta: pone en marcha el movimiento.
- Recibe información: nota si llegó, si perdió el equilibrio, si fue demasiado rápido o demasiado lento.
- Ajusta: cambia algo para el siguiente intento.
- Vuelve a intentar.
Este proceso forma parte de lo que se conoce como aprendizaje sensoriomotor: el sistema nervioso utiliza la información de los sentidos y el resultado de cada intento para ajustar los movimientos siguientes (Wolpert et al., 2011).
Además, el aprendizaje de habilidades motoras mediante la práctica se asocia con cambios en la organización y el funcionamiento del sistema nervioso. Es un fenómeno relacionado con la neuroplasticidad: la capacidad del sistema nervioso de adaptarse a la experiencia (Dayan y Cohen, 2011). Este tema merece su propio artículo y lo abordaremos más adelante. Por ahora, basta una idea: la experiencia de moverse forma parte del aprendizaje.
Cuando necesitamos crear nuevas oportunidades
Si algunas oportunidades de movimiento no aparecen de forma espontánea, podemos ayudar a crearlas.
La recomendación general de actividad física
La Organización Mundial de la Salud recomienda que niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años, incluidos quienes viven con alguna discapacidad, realicen en promedio al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, adaptada a sus capacidades y con orientación profesional cuando sea necesario (Bull et al., 2020).
Qué dice la investigación sobre las intervenciones
También hay evidencia de que las intervenciones motoras y de actividad física pueden mejorar algunos resultados motores en niños y jóvenes autistas. Una revisión sistemática de 41 estudios encontró mejoras en la actividad motora con distintos tipos de intervención, como actividades acuáticas y programas de actividades y habilidades motoras, así como mejoras en la participación con un programa de educación física. Los mismos autores advierten que la calidad general de la evidencia era baja y que hace falta investigación más rigurosa (Ruggeri et al., 2020).
La actividad física no busca cambiar quién es un niño. Tampoco debemos esperar los mismos resultados en todas las personas. Lo que sí puede ofrecer es algo muy valioso: más oportunidades para moverse, practicar, participar, fortalecer el cuerpo y ganar confianza en sus propias capacidades.
Cuando existen necesidades médicas o terapéuticas específicas, la actividad física no sustituye la atención profesional correspondiente.
Crear oportunidades: la idea detrás de Blue Strenght
Esta es una de las ideas que dan sentido a Blue Strenght.
En Blue Strenght buscamos ofrecer oportunidades de movimiento, juego, reto y fortalecimiento adaptadas a las necesidades y al punto de partida de cada alumno. Trabajamos capacidades generales como la fuerza, el equilibrio, la coordinación, la movilidad y el control corporal, y abordamos aspectos posturales y patrones de movimiento cuando resulta apropiado.
Sobre todo, buscamos que cada alumno pueda participar: intentar, equivocarse, volver a intentar y descubrir de lo que es capaz, a su propio ritmo.
Porque desarrollarse también requiere oportunidades
El movimiento también es desarrollo. Y desarrollarse también requiere oportunidades.
Algunas aparecen solas, en el recreo o en el parque. Otras hay que construirlas con intención, paciencia y un entorno adecuado.
A veces el desarrollo de una nueva habilidad comienza con algo tan sencillo como tener la oportunidad de intentarlo.

